- La primera llamada o el primer mostrador El teléfono 985 427856 suena en el taller desde las 9:30. Lo coge Carmen Torres, que lleva los Trabajos desde hace años, y con dos frases suyas basta para orientar el asunto: un pantalón de traje que baila en la cintura, una cazadora de piel con la cremallera partida, un abrigo heredado con los hombros anchos.
- Qué conviene traer y qué no Traiga la prenda, el calzado que usará con ella y, si existe, el botón o el trozo de tela que quiere conservar; en los bajos de pantalón el zapato decide el largo, porque un tacón de 4 centímetros y una zapatilla plana piden dobladillos distintos, y corregir eso después cuesta una segunda visita.
- Los diez minutos de valoración Sergio López recibe del almacén las prendas y las revisa con luz de ventana, que es la que no engaña. Abre costuras, mira forros, tensa la cremallera y cuenta las piezas.
- Qué sale de esa revisión De ahí sale un diagnóstico en lenguaje llano: qué se puede hacer, qué no y qué alternativa queda. Un traje de los años noventa con hombreras cosidas no admite un estrechamiento limpio sin desmontar el delantero entero, y eso son cuatro horas de taller que quizá no compensen; lo hemos dicho más de una vez en el mostrador, con la chaqueta delante y el cliente mirando la costura. La valoración de una prenda sencilla dura entre cinco y diez minutos. Un abrigo con forro, entretela y dos pinzas puede llevarse veinte. Si hay que descoser para ver el interior, la prenda se queda en el taller y se llama al día siguiente con la propuesta. En esa conversación se habla de plazos, no de precios.
- Cuándo se habla de dinero El presupuesto se comunica antes de tocar la prenda, siempre, y se calcula sobre el trabajo real: un dobladillo simple de pantalón de vestir se resuelve en 24 horas y cuesta una cifra modesta, mientras que cambiar una cremallera metálica de cazadora de piel lleva más tiempo y más material. La cifra se da cerrada, con IVA incluido, y no cambia si el trabajo resulta más pesado de lo previsto.
La primera llamada o el primer mostrador
El teléfono 985 427856 suena en el taller desde las 9:30. Lo coge Carmen Torres, que lleva los Trabajos desde hace años, y con dos frases suyas basta para orientar el asunto: un pantalón de traje que baila en la cintura, una cazadora de piel con la cremallera partida, un abrigo heredado con los hombros anchos.
La mayoría de la gente pasa primero por el local, en Travesía de la Estación 11, 33211 Gijón, a un paseo corto desde la estación de tren y desde la parada de El Humedal; abre de lunes a viernes de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 19:00.
El sábado se atiende con cita previa, y esa cita la cierra Antonio Martínez, el de Citas. Hay quien llega con la prenda puesta. Hay quien la trae doblada en una bolsa. Da igual.
Lo que no da igual es traerla limpia: una chaqueta de lana sin lavar obliga a posponer la prueba y a mover el calendario entero.
Qué conviene traer y qué no
Traiga la prenda, el calzado que usará con ella y, si existe, el botón o el trozo de tela que quiere conservar; en los bajos de pantalón el zapato decide el largo, porque un tacón de 4 centímetros y una zapatilla plana piden dobladillos distintos, y corregir eso después cuesta una segunda visita.
Para una chaqueta o un abrigo, venga con la ropa interior que suela llevar debajo. Suena excesivo y no lo es: dos capas de diferencia mueven el contorno del pecho casi un centímetro, y ese centímetro es el que separa una prenda que cae bien de otra que tira del hombro. Si la prenda es de otra persona, traiga también una foto de esa persona de pie.
No hace falta traer tijeras, alfileres ni hilo. Todo está en el taller. Para dejar una cremallera rota no hace falta cita: recepción la registra en el momento y le da una fecha de entrega por escrito.
Los diez minutos de valoración
Sergio López recibe del almacén las prendas y las revisa con luz de ventana, que es la que no engaña. Abre costuras, mira forros, tensa la cremallera y cuenta las piezas.
Qué sale de esa revisión
De ahí sale un diagnóstico en lenguaje llano: qué se puede hacer, qué no y qué alternativa queda. Un traje de los años noventa con hombreras cosidas no admite un estrechamiento limpio sin desmontar el delantero entero, y eso son cuatro horas de taller que quizá no compensen; lo hemos dicho más de una vez en el mostrador, con la chaqueta delante y el cliente mirando la costura. La valoración de una prenda sencilla dura entre cinco y diez minutos. Un abrigo con forro, entretela y dos pinzas puede llevarse veinte. Si hay que descoser para ver el interior, la prenda se queda en el taller y se llama al día siguiente con la propuesta. En esa conversación se habla de plazos, no de precios.
Cuándo se habla de dinero
El presupuesto se comunica antes de tocar la prenda, siempre, y se calcula sobre el trabajo real: un dobladillo simple de pantalón de vestir se resuelve en 24 horas y cuesta una cifra modesta, mientras que cambiar una cremallera metálica de cazadora de piel lleva más tiempo y más material. La cifra se da cerrada, con IVA incluido, y no cambia si el trabajo resulta más pesado de lo previsto.
Si usted acepta, se abre la orden con su nombre y un número. Si no acepta, se lleva la prenda sin coste alguno y sin explicaciones. Eso ocurre a menudo y no molesta a nadie.
El pago se hace al recoger, en el mostrador, con tarjeta o en efectivo.
Anticipos y encargos a medida
Para encargos de confección a medida, como un traje completo o un abrigo nuevo, se pide un anticipo del 40 % al confirmar las medidas; el resto, a la entrega. Nunca se cobra nada por adelantado antes de que exista una orden firmada, ni se pide señal por una prueba o por guardar una fecha en la agenda.
Plazos reales, contados en días laborables
Un dobladillo de pantalón: 24 horas. Subir o bajar una cremallera de pantalón vaquero: dos días laborables, porque hay que desmontar la cinturilla. Estrechar una chaqueta de traje por los costados: tres días. Cambiar el forro completo de un abrigo de paño: entre cinco y siete días, según el número de piezas.
La confección a medida es otro calendario: la primera prueba se cita a los diez o doce días de tomar las medidas, la segunda a los siete siguientes y la entrega final, si no hay cambios de última hora, a los veinte días de la primera cita. Entre abril y junio, con comuniones y bodas, esos plazos se estiran de forma notable y conviene reservar con tres semanas de antelación. Los sábados se atiende solo con cita previa.
Quien trabaja de lunes a viernes suele pedir hora para el sábado por la mañana y resolver las pruebas sin pedir permiso en la oficina.
Lo que no se hace aquí
Cercopidzo trabaja con tejidos y con piel, y nada más. No se tocan vehículos, ni instalaciones eléctricas de la vivienda, ni circuitos de frío, ni la fábrica de un edificio. Tampoco se aplican productos de control de plagas. Quien llegue con una persiana averiada o con un motor de frigorífico perderá el viaje, y en el mostrador se le dirá con claridad hacia dónde ir.
La empresa opera como Cercopidzo S.L. desde 2008, con el mismo taller y el mismo equipo.