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Cercopidzo

Cercopidzo: un taller de arreglos en Travesía de la Estación desde 2008

Cercopidzo abrió en 2008 en el número 11 de la Travesía de la Estación, en Gijón. La historia de por qué seguimos aquí tiene más que ver con lo que rechazamos que con lo que aceptamos.

Una máquina de coser y una deuda

En enero de 2008, Sergio López alquiló un local de 38 metros cuadrados en la Travesía de la Estación, a dos calles de la estación de tren de Gijón. Venía de trabajar seis años en el almacén de una tienda de ropa del centro, en la calle Corrida, y sabía dos cosas: que la ropa se acumulaba en los probadores y que nadie sabía qué hacer con ella. Su prima Carmen Torres cosía desde los catorce años, primero en casa y después en un taller de confección del polígono de Somonte, y puso la primera máquina, una Singer de segunda mano que compró por 340 euros a un taller de Avilés que cerraba. El local tenía una persiana que no subía del todo y un baño compartido con la ferretería de al lado.

Los primeros meses fueron de ajustar dobladillos para vecinos de El Llano. El primer encargo grande llegó en marzo de 2008: catorce chaquetas de un restaurante de la calle San Bernardo que cambiaba de plantilla. Aquello dejó 620 euros y una certeza: el negocio no iba a estar en vender ropa, sino en ajustarla.

Carmen recuerda que el primer verano cosieron 87 dobladillos de pantalón en tres semanas. No fue un verano de beneficio, sino de aprender a medir rápido y a no prometer plazos que no se podían cumplir.

En 2009 entró Antonio Martínez, que ahora lleva las citas y la atención al cliente. Venía de la hostelería, del barrio de La Calzada, y aportó algo que faltaba: saber decir que no. Fue él quien puso la primera lista de trabajos que no hacemos, escrita a mano y pegada en la pared junto a la máquina de coser, y esa lista sigue existiendo, aunque ahora esté impresa y actualizada con los años. El taller nunca ha tenido más de tres personas.

Cercopidzo S.L. se constituyó en 2008 y desde entonces no ha abierto sucursal. El local de la Travesía de la Estación 11 es el único que existe.

Una máquina de coser y una deuda

Lo que no entra por la puerta

La lista de trabajos que rechazamos es tan larga como la de los que aceptamos. No tocamos vehículos: ni tapicería de coche, ni fundas de asiento, ni lonas de camión. No es una cuestión de capacidad, es que un taller de costura no es un taller mecánico y las medidas de un salpicadero no se toman como las de una chaqueta.

Tampoco hacemos instalaciones eléctricas ni trabajamos con cableado de ningún tipo. Si un cliente llega con una prenda que lleva una resistencia, una batería o un circuito, se le deriva a un electricista. Lo mismo ocurre con equipos de refrigeración: no reparamos cortinas de aire frío ni aislamientos térmicos de cámaras, porque no somos ese gremio y decir lo contrario sería mentir. No intervenimos en la estructura de un edificio. Hace años vino un encargo para coser una cubierta de nave en el polígono de Roces. Lo rechazamos. Trabajar a doce metros de altura no es lo nuestro, y coser toldos fijados a fachada o fundas de contenedor industrial tampoco.

No aplicamos pesticidas ni biocidas de ningún tipo. No tratamos plagas en tejidos ni fumigamos almacenes de ropa. Si alguien llama preguntando por eso, Antonio Martínez lo dice claro: no es nuestro oficio.

Tampoco ofrecemos servicios médicos, financieros, legales ni educativos. No somos asesores, no somos gestores, no somos academia. No prometemos empleo a nadie ni colocamos a nadie en ninguna empresa. El taller vive de arreglar ropa y de confeccionar prendas a medida, y con eso ya hay trabajo para tres personas todos los días de la semana. La lista de rechazos también incluye cosas más pequeñas: no hacemos arreglos de calzado, no sustituimos cremalleras de maletas rígidas, no cosemos tapicería de muebles. No es soberbia. Cada oficio tiene su sitio.

Travesía de la Estación, 11

El taller está en el número 11 de la Travesía de la Estación, una calle corta que une la avenida de la Costa con la zona de la estación de tren. Es un bajo con escaparate pequeño y una puerta que da directamente a la acera. El barrio es el de El Natahoyo, aunque la dirección administrativa corresponde al distrito Centro, y desde la puerta se ve el andén de la estación de Gijón y se oye el tren cuando llega de Avilés.

El horario es de lunes a viernes, de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 19:00. El sábado solo abrimos con cita previa, porque Carmen y Sergio prefieren dejar el sábado para terminar encargos atrasados sin interrupciones. Las citas las lleva Antonio Martínez y se piden por teléfono, en el 985 427856, o por correo, en [email protected]. El sitio web es cercopidzo.digital y ahí está la misma información, sin más.

La mayoría de los clientes llegan del propio barrio: gente que trabaja en la estación, en los talleres de la zona, en el mercado de El Natahoyo. También vienen de La Calzada, de El Llano, de Contrueces y de Somió. Algunos llegan desde Avilés o desde Pola de Siero porque un conocido les habló del taller.

No tenemos reparto ni recogida a domicilio.

En el taller hay dos máquinas de coser industriales, una remalladora, una máquina de coser cuero y una plancha profesional. La mesa de corte mide 2,4 metros y la compró Sergio en 2011 en una liquidación de un taller de confección de Villaviciosa. La iluminación es de taller, no de tienda: tubos fluorescentes y una lámpara articulada sobre la mesa de costura. No hay música de fondo, aunque Carmen pone la radio a media mañana.

Lo que sí hacemos, con nombres y fechas

Los arreglos de ropa son el grueso del trabajo. Un dobladillo de pantalón se hace en el día si se trae antes de las doce de la mañana. Un cambio de cremallera en una chaqueta de pluma tarda entre dos y cuatro días, según el modelo. Un ajuste de traje completo, con pinzas en la chaqueta y bajos en el pantalón, suele estar listo en una semana. Los precios están en el mostrador, en una hoja plastificada, y no cambian según quién pregunte.

La confección a medida es la parte más lenta y la que más satisfacción da. Carmen Torres ha hecho trajes de novia, chaquetas de trabajo para una empresa de instalaciones de Gijón, batas para una clínica dental de la calle Marqués de San Esteban y fundas de cojín para un hostal de Cimadevilla. Cada encargo empieza con una toma de medidas que dura veinte minutos. No hacemos prendas sin prueba, salvo encargos repetidos de clientes que ya tienen el patrón guardado.

El cuero y la piel tienen su propio apartado. Arreglamos cazadoras de cuero, cambiamos forros, ajustamos mangas y sustituimos cremalleras metálicas. No trabajamos pieles exóticas ni curtidos que requieran tratamientos especiales. Para el cuero usamos una máquina de triple arrastre y agujas de punta de lanza; es más lenta, pero no marca la piel.

Las cremalleras son un capítulo aparte. Tenemos más de cuarenta tipos distintos en cajones etiquetados por color, longitud y tipo de diente. Cambiar una cremallera de pantalón vaquero cuesta 18 euros, con la cremallera incluida. En una chaqueta de punto, el precio sube a 24 euros porque hay que desmontar el delantero. En un abrigo de paño, 32 euros. Son precios fijos desde 2022 y están expuestos en el mostrador.

Además de arreglos y confección, hacemos adaptaciones de uniformes para empresas pequeñas de la zona. Un restaurante de la calle San Bernardo, una clínica veterinaria de la avenida de la Costa y una tienda de repuestos de la calle Río San Pedro son clientes habituales. No trabajamos con grandes cadenas ni con contratos de volumen: preferimos encargos que quepan en la mesa de corte.

Quién está detrás del mostrador

Sergio López lleva el almacén y las compras. Es quien decide qué hilo se pide, qué cremalleras se reponen y cuándo hay que cambiar una aguja. Trabaja en el taller desde 2008 y conoce a la mayoría de los clientes por su nombre. Dice que la parte más difícil del oficio no es coser, sino calcular cuánto va a encoger una prenda después del primer lavado.

Carmen Torres está al frente de los trabajos. Es la única que cose piel y la que hace las pruebas de medida. Lleva en el oficio desde 1994, cuando entró a aprender en un taller de confección de Somonte. Ha visto cambiar las máquinas, los tejidos y las modas, pero dice que la medida del cuerpo humano sigue siendo la misma que hace treinta años.

Antonio Martínez se ocupa de las citas y de la atención al cliente. Es quien contesta el teléfono, quien apunta los encargos en el libro de taller y quien avisa cuando una prenda está lista. También es quien dice no cuando un trabajo no es para nosotros. Esa parte del oficio, dice, se aprende con los años y con algún enfado de por medio.

No hay más personal. Cercopidzo S.L. es una empresa pequeña, con tres personas y un local. No tenemos delegaciones, no tenemos franquicias, no tenemos socios inversores. El taller abre y cierra con las mismas manos desde hace más de quince años.

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18años en el taller